Written by 6:56 am DE LA MANO DE AGUSTÍN

CORAZÓN INQUIETO

Todo corazón tiende a Dios porque ha salido del mismo Dios, y debe buscarle, esa es su tarea, por lo que tiene el gen de la inquietud hasta que, por fin, descanse en Él…

Feciste nos ad te, domine, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te


Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti  (C 1, 1, 1).

Frase siempre actual y que invita a tomar una radiografía del corazón. Hoy más que nunca es acertado hacer un alto en el camino y verificar cómo va la marcha de este corazón.

         El hombre, creado a imagen de Dios, está llamado a tener vida, y vida abundante, por lo que es razonable un corazón inquieto para la búsqueda, y con un diseño para estar siempre lleno. Lleno de Cristo, será vida íntegra, porque Él es “camino, verdad y vida”; sin Cristo, desfigurado y disperso, porque “sin mí no pueden hacer nada”. El corazón sin Cristo desdice la razón de su existencia porque sin Él todo es “sin sentido”.

          Todo corazón tiende a Dios porque ha salido del mismo Dios, y debe buscarle, esa es su tarea, por lo que tiene el gen de la inquietud hasta que, por fin, descanse en Él. Pero, inmerso en un mundo egocéntrico y asfixiante que no vacila en presionar con infinitas alternativas para suplantar a Dios y, que nunca le saciarán, este hombre no tiene paz. Definitivamente, la existencia humana sólo tendrá sentido y descanso cuando tenga en plenitud a su creador. Este breve peregrinar de la vida tiene que ser, por necesidad, preparación para el encuentro definitivo con aquel que sacia los corazones.

P. Víctor

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