Written by 5:40 am DE LA MANO DE AGUSTÍN

Y, TU ALMA: ¿QUÉ?

No existe un hombre espíritu como tampoco un hombre cuerpo…

“Todos temen la muerte del cuerpo, pero pocos temen la muerte del alma. Todos se afanan por evitar que llegue la muerte de la carne, que inevitablemente ha de llegar, y por eso trabajan. Se trabaja para que no muera el hombre que ha de morir, y nada se hace para que no muera el hombre que ha de vivir eternamente” (TRATADO DEL EVANGELIO DE SAN JUAN 49,2).

Qué bonita reflexión. Recuerdo, aquel domingo, en la misa de 10.30 de la mañana, la homilía en la que se me ocurrió pedir una moneda. Muchos hicieron el ademán de buscarla para dármela pero, me adelanté y les dije que por favor la moneda fuera de una sola cara. Recuerdo que rieron y yo aproveché para decir que, así como no existe moneda de una sola cara tampoco existía ser humano de una sola realidad. El ser humano, les expliqué, es de dos realidades: la espiritual y la corporal. Ambas realidades son el ser humano. No existe un hombre espíritu como tampoco un hombre cuerpo. Cada persona tiene la responsabilidad y el deber de cuidar y vigilar el bienestar de ambas. Lamentablemente “Todos temen la muerte del cuerpo, pero pocos temen la muerte del alma”. Qué afán, qué esmero por satisfacer la realidad corporal: ropa, alimentos, viajes, estudios, salud, placeres, etc., como si esta realidad definiera todo. A tal extremo llega ese afán que justifica el robo, la corrupción, el asesinato, la violencia, la mentira si es que se va a lograr, por ejemplo, dinero. Tan sólo basta ojear alrededor y será suficiente para convencerse que las cosas caducas priman en la toma de decisiones. No hay tiempo para la misa, no hay tiempo para evangelizar, no hay tiempo para la oración, sencillamente porque debo trabajar; o, como dicen algunos alcaldes, no hay partidas para cuestiones religiosas pero, sin embargo, hay partidas para comprar 40 cajas de cerveza para un equipo de futbol o, para contratar un grupo de música chicha. En fin, las cosas que implican tu vida espiritual: tu fe, tu paz interior, tu conciencia, la limpieza de tu corazón no son trascendentes. Obviamente, que lo corporal se debe cuidar, cómo no, Cristo mismo tomó un cuerpo y enumera tú los enfermos que curó. Pero, qué hay con el espíritu: Cómo va tu alma, cómo va tu corazón, cómo va tu relación con Dios y con los hermanos, cómo va tu fe. No es ninguna novedad decir que nada de este mundo será parte del equipaje el día de la partida, ni siquiera tu propio cuerpo. Entonces, ¿Cuál es la realidad definitiva? Cristo lo dijo: “¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo?”(Mateo 16, 26). Ambas realidades deben ser atendidas, ambas son necesarias, ambas fueron redimidas por Cristo: ¿Por qué preferir una?  La vida del alma es Cristo: “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a los sarmientos, que los amontonan, se echan al fuego y se queman” (Juan 15, 5). “Pues bien, devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios” (Lucas 20,25) y yo añadiría: “Al cuerpo lo que es del cuerpo y al espíritu lo que le corresponde”.

P. Víctor.

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