Los catequistas en la Prelatura no bajan la guardia cuando se trata de formarse. Ellos son conscientes del trabajo que el Señor les ha encomendado de transmitir la fe a sus hermanos. Por ello Mons. Víctor Emiliano no duda en llamarles “el soporte de la fe” en aquellos lugares donde el sacerdote o religiosas no pueden llegar y no hay iglesias, tan solo pequeñas capillas. El trabajo de estos hermanos catequistas consiste en preparar la liturgia de la Palabra para impartirla los días domingo a todos los que se reúnen en sus capillas y que por la distancia o alguna limitación no pueden asistir a la misa dominical; además, preparan a jóvenes y adultos para recibir los sacramentos, acompañan funerales y hacen presente el Plan Pastoral de la Prelatura en los lugares más alejados. Hay que resaltar que su trabajo es desinteresado, que no tienen paga, lo que indica que solo les mueve su fe. Los catequistas han sido, son y serán el complemente esencial en la evangelización de la Prelatura. Su formación se basa en seis etapas y una adicional llamada “post-sexta”. Las dos primeras las reciben en sus parroquias y las siguientes en el Centro Pastoral del distrito de Cochabamba, acondicionado para las jornadas de formación. Estas jornadas se denominan “cursillos” y están estructurados para cada etapa de modo específico, por ello se tiene “cursillos de tercera, de cuarta o quinta etapa”. Para impartir estos cursillos se cuenta con un equipo de sacerdotes y laicos comprometidos, ellos organizan los horarios, la alimentación, las celebraciones en los tres días de trabajo para los participantes que llegan de toda la Prelatura.
Mons. Víctor Emiliano siempre participa de estos cursillos con su tema preferido “La actualidad de la Iglesia”. Esta vez participó el 10 de abril en uno de tercera etapa, con la asistencia de cerca de 30 catequistas. El tema comenzó a las 7 de la noche y concluyó a las 8 para continuar con la celebración de la Eucaristía. Allí monseñor agradeció a los catequistas por su labor de evangelización y les motivó a nunca olvidar el “primer amor”, aquel que les cautivó para ser catequistas del Señor. Luego, monseñor, compartió la cena y la entrega de certificados por su participación. No faltaron las fotos y números artísticos.