Del 26 al 31 de enero del presente año se realizó la visita Ad Limina de los obispos del Perú a la sede de Pedro.
La visita ad limina apostolorum es aquella que realizan los obispos diocesanos de un país al Vaticano en Roma, cada 5 años, para venerar las tumbas de San Pedro y San Pablo, reunirse con el sucesor de Pedro y presentar un informe sobre el estado de sus jurisdicciones eclesiásticas, fortaleciendo de esa manera la unión con la santa Sede. Este año, para los obispos de Perú, tocó la visita en el mes de enero. Fue un encuentro especial de integración entre los obispos de las 46 jurisdicciones que participaron, más todavía considerando que el santo padre fue un obispo peruano, obispo de Chiclayo. Los obispos se hospedaron en la casa María Bambina, al lado izquierdo del frontis de la Plaza San Pedro. La visita comenzó con la misa celebrada en la Basílica de San Juan de Letrán, catedral del Papa y madre de todas las iglesias del mundo. En el marco de esta visita, los Obispos del Perú sostuvieron reuniones con los diferentes dicasterios de la Santa Sede de acuerdo a horarios establecidos, y otras reuniones que enriquecieron la estadía en Roma. El día 29 fue especial para todos los obispos por la visita del Santo Padre a modo de sorpresa, a la hora del almuerzo. Fueron momentos inolvidables donde se pudo ver la cercanía y sencillez del Santo Padre, según nos comparte Mons. Víctor Emiliano. Este gesto fue considerado como un detalle de cercanía y confianza con el episcopado peruano según la opinión de muchos obispos. El día 30 el Papa León XIV recibió en audiencia privada a todos los obispos participantes del encuentro, encuentro en el que se compartieron los desafíos de la evangelización y se pidió especialmente por la paz, el futuro del Perú y el bien común de la nación. Mons. Víctor Emiliano considera este momento como especial dentro de toda la visita por la cercanía, la confianza y el saludo personal que el santo Padre tuvo con cada obispo; afirma que no faltó el apretón de manos con una sonrisa o una frase que inspiraba familiaridad. Ese mismo día los obispos tuvieron una celebración en la Basílica de San Pablo Extramuros. El último día, 31 de enero, la jornada fue en los jardines vaticanos. Allí, luego de coordinaciones de la Santa Sede con la embajada peruana se realizó la ceremonia de instalación de dos obras de arte: La estatua de santa Rosa de Lima y un mosaico de la santísima virgen María que representa las diversas advocaciones con las que se venera en el Perú. Estas obras fueron trabajadas en los talleres de Artesanos don Bosco.
La Visita ad limina Apostolorum fue una magnífica oportunidad para renovar el compromiso pastoral de los Obispos del Perú con sus diócesis, fortaleciendo la unidad episcopal y la corresponsabilidad en la misión de anunciar a Jesucristo, especialmente a los más pobres, jóvenes y familias, siempre en camino renovado en compañía del sucesor de Pedro.
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