XXXIV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

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Del 8 al 11 de febrero se realizó en la ciudad de Chiclayo, ciudad principal de la antigua diócesis del Papa León, la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo. Para esta ocasión, el Santo Padre nombró al Card. Michael Czerny SJ, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI), como su enviado especial. Participaron delegaciones y representantes de muchas instituciones del mundo, sobre todo de América Latina y, como no, obispos de varias jurisdicciones del país. Los momentos más importantes que se vivieron fueron la visita a los centros hospitalarios más representativos de la diócesis, la visita al Santuario del Niño del Milagro en la ciudad de Eten, la Eucaristía y aplicación de la Unción a todos los enfermos en el Santuario Nuestra Señora de la Paz y las ponencias y presentaciones artísticas en el auditorio del colegio Santo Toribio de Mogrovejo. El 9 de febrero fue cumpleaños de Mons. Víctor Emiliano que coincidió con este encuentro. Los comentarios nos indican que junto a otros obispos que también cumplían años por esos días, fueron celebrados y aplaudidos en la cena que se realizó en los ambientes del colegio Santo Toribio de Mogrovejo el 9 de febrero.
En entrevista con Monseñor Víctor Emiliano comentó que esta jornada mundial deja un mensaje claro a la sociedad: No pasar de largo frente al sufrimiento del prójimo. Dijo que en medio de una cultura donde prevalece la indiferencia y el confort, esta jornada invita a la solidaridad y corresponsabilidad con los enfermos. Dijo, además, que esta jornada mundial ha sido motivo de reencuentro, fraternidad y diálogo entre laicos, religiosos, sacerdotes y obispos y que no ha faltado en ningún momento el acento sinodal.
Bajo el lema “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro” se desarrolló todo el programa de la jornada dejando olor a “servicio”. Monseñor Víctor Emiliano como experiencia personal dijo que la labor con los hermanos enfermos es una de las tareas más hermosas que ha vivido. Dijo que tanto en la parroquia Santa Rita de Casia de Miraflores, en Lima, y en Santa Mónica de Chota contó con equipos de laicos comprometidos para atenderles. Dios siempre nos habla a través de ellos, acotó.
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